Homenaje a Joaquín Valverde Durán en el centenario de su muerte
lunes 5 de julio de 2010Etiquetas: Centro Cultural Nicolás Salmerón, Críticas, Joaquín Valverde;, Zarzuela en Formato de Cámara, zarzuela.net, Zarzuelas en el olvido
Crítica encontrada en Zarzuela.net
El candidato
G. L. Conde - E. Prats
El novio de su señora
G. Perrín - M. de Palacios
La baraja francesa
S. Delgado
La manía de Tomás
M. Codorniú
(Madrid, Centro Cultural Nicolás Salmerón, 11 de Marzo de 2010)
Enrique Mejías García
Han tenido que pasar cien años para que alguien se atreva a mirar a Joaquín Valverde sin coletillas. Joaquín Valverde fue, y sabemos que será, "Valverde padre", a la sombra de su ínfimo hijo Quinito. En ocasiones fue "el hermano de la Valverde", en referencia a su popularísima hermana, actriz mítica en el Madrid del ochocientos. Finalmente, "y Valverde" es la coletilla que cuelga detrás del apellido de Chueca en las partituras de La Gran Vía, Cádiz o El año pasado por agua, y a pesar de que se ha recordado que no eran una misma persona todavía habrá quien borre sin compasión su apellido de programas de mano y portadas de cedés [debemos señalar la excepción del caso de Deutsche Grammophon, que, en un arrebato de generosidad, le atribuyó parte de la autoría de El bateo editado en cedé junto a La Gran Vía].
Pero para ese superman de la zarzuela llamado Francisco Matilla el nombre de Joaquín Valverde Durán (1846-1910) no podía quedarse en todo eso. Con la excusa del primer centenario de la muerte del músico, las huestes de Ópera Cómica de Madrid desembarcaron de nuevo en el escenario del Nicolás Salmerón para ofrecer, dentro del ciclo de "zarzuelas en el olvido", cuatro auténticas primicias: El candidato, El novio de su señora, La baraja francesa y La manía de Tomás. En su conjunto el concierto resultó una brillante fotografía panorámica de la estética zarzuelística valverdiana, un compositor plenamente imbuído del espíritu chico puesto en moda por sus compañeros de generación aunque con una preparación técnica sólo superada por Bretón o Chapí. Valverde es alumno de Arrieta, primer premio de flauta en 1867 y de composición en 1870; evidentemente esta capacidad se aprecia en el dominio tantas veces audaz que posee de la armonía, así como de sus muy cuidadas orquestaciones (véase la filigrana tan sencilla como genial de la jota de los ratas de La Gran Vía).
De las cuatro obras interpretadas en versión concertada con piano llamaron la atención fragmentos como la canción de Don Cosme de El candidato, el dúo de amor de El novio de su señora o la copla flamenca de La manía de Tomás. Sin embargo, no cabe duda de que la gran triunfadora de la noche fue La baraja francesa, delicioso sainete lírico cuya génesis se encuentra en la misma apuesta de títulos exquisitos que propició la escritura de El chaleco blanco de Chueca o Las doce y media y sereno de Chapí. El conjunto de sus números resulta un casticísimo fresco del Madrid de 1890, con sus corralas, chulos y chulas y una intrigante baraja de póquer como prueba del delito atroz de "pegarse el lote" en un portal. Si el libreto de Sinesio Delgado es, posiblemente, una de sus más felices creaciones, la partitura de Valverde es junto a la de La Gran Vía y Al agua patos del maestro Rubio, una de las joyas de la corona de todas las estrenadas en el memorable Teatro Felipe del Paseo del Prado. Unos couplets para el portero, un terceto cómico con marcha militar, una pantomima desarrolladísima instrumentalmente y una habanera de las que marcaron época, son las bazas a jugar por una baraja que bien mereciera su recuperación escénica.
Sobre la realización artística de estos cuatro títulos no nos demoraremos en demasía ya que, como siempre, Ópera Cómica de Madrid no nos defraudó y superó la excelencia con el caso de su inimitable primera tiple, la simpatiquísima Carolina Moncada que, además, canta como los ángeles. Igual de impecables cantando y cada día más queridos por el público son el primer cómico, Gerardo Bullón y el tenor Alejandro González. El resto del reparto lo completaron unos perfectamente cumplidores Anna Tonna, Gloria Mil, Javier González y David Sánchez. El acompañamiento al piano corrió a cargo de Sebastián Mariné quien, con su maestría y veteranía, superó sin ningún problema los jeroglíficos musicales de las arcaicas partes de apuntar de los cuatro títulos.
© Enrique Mejías García 2010
Zarzuela.net
Estreno de "Tango en el Café Tortoni"
domingo 9 de mayo de 2010Etiquetas: Presentaciones, Producciones, Tango en el Tortoni



Recientemente Concerto XXI Producciones ha estrenado de la mano del Teatro Real de Madrid y su proyecto social, este maravillosos concierto-espectáculo.
El concierto tuvo lugar en la cárcel de Soto del Real, el 30 de Abril de 2010.
Numerosas reseñas han sido publicadas en diferentes medios.
EFE: 29 de Abril
El Teatro Real, a través de su Proyecto Social, ofrecerá este viernes a los internos de la cárcel de Soto del Real, Madrid V, el estreno del espectáculo de danza y música 'Tango en el Café Tortoni', en el que conviven desde el tango tradicional de Demare o Aieta al moderno de Piazzolla.
'Tango en el Café Tortoni' es una producción de Concerto XXI en la que los pianistas Ángel Huidobro y Jorge García Herranz sumergen al espectador en "una fantasía en la que las notas de música se tejen entre pasos de baile y proyecciones", según el Teatro Real.
Huidobro y García Herranz interpretan mano a mano un completo repertorio del tango moderno de Astor Piazzolla y lo mezclan con composiciones clásicas de Lucio Demare, Cátulo Castillo, Anselmo Aieta o Leopoldo Federico.
Se trata, pues, de un recorrido a través de la evolución del tango, ambientado en el mítico Café Tortoni de la Avenida de Mayo de la Ciudad de Buenos Aires, el más antiguo café de Argentina, con más de 150 años de historia.
Un lugar por donde han pasado grandes intelectuales y artistas del siglo pasado como Jorge Luis Borges, Carlos Gardel, Federico García Lorca, Alfonsina Storni, Luigi Pirandello, Ernesto Sábato o el propio Astor Piazzolla.
Los pianistas están acompañados en escena por los bailarines María Dolores Ibáñez e Igor Vladislavovich, protagonistas de una historia de amor y desengaño que despliegan las coreografías con virtuosismo y pasión.
Critica de Artistas para la Habana / La Confitería de zarzuela.net
jueves 22 de abril de 2010Etiquetas: Centro Cultural Nicolás Salmerón, Críticas, Publicaciones, zarzuela.net, Zarzuelas en el olvido
Para ver el contenido original de zarzuela.net haga click aquí
Recientemente ha sido publicado en el portal Zarzuela.net una crítica sobre nuestro último programa en el Ciclo "Zarzuelas en el olvido"
Este programa tuvo lugar en el Centro Cultural Nicolás Salmerón el 15 de Abril de 2010.
Artistas para La Habana / La confitera
F. A. Barbieri - R. Mª. Liern / M. Pina Bohigas
Guerra a muerte
E. Arrieta - A. López de Ayala
Ópera Cómica de Madrid
El Madrid que en la temporada 1877-1878 acogiese el estreno de La confitera y Artistas para La Habana de Barbieri era un Madrid absolutamente diferente de aquel que en 1855 escuchase por primera vez Guerra a muerte de Arrieta. Supongamos a un respetable matrimonio de la época, como aquel Moret-Remisa pintado por Federico de Madrazo, admirándose de las ternuras de época de la partitura de Arrieta en su Teatro Circo de la Plaza del Rey. ¿Qué podrían haber pensado aquellos dos señores en su honorable vejez, cuando sus nietos regresasen silbando las melodías pegajosamente burguesas de La confitera, recién estrenada en el novísimo Teatro de la Comedia ? Aquello podía sonarles tan extravagante como una ópera de Wagner y, de seguro, les reprenderían y mandarían callar añorando junto al piano un aire de Gaztambide o aquel dúo del segundo acto de Jugar con fuego.
Desde la Revolución Gloriosa de 1868 España tenía ganas de reír, necesitaba reír. La aparentemente tranquila Restauración borbónica anidaba en su pecho el germen de tragedias venideras y sólo con obras como la ultraligera y chispeante Artistas para La Habana se hacían las vidas más llevaderas a aquellas manadas de horteras, cursis, funcionarios y cesantes que representaban el bestiario de la Villa y Corte. Pero frente a ese aluvión de polcas, habaneras y couplets que las obras musicales de "a real la pieza" proponían, hubo un Madrid tan sólo veinte años antes donde el tiempo se detenía para Concepción Remisa o para la marquesa de Montelo, cuando la Ramirez y la Rivas cantaban el dúo de tiples de Guerra a muerte. La musa eternamente melancólica de Arrieta se aferraría a los corazones de una generación sentimental -no cursi- que, sencillamente, no podía sentirse representada por el estilo nuevo de Barbieri.
El acierto de Ópera Cómica de Madrid ha sido, en esta ocasión, codear a dos músicos de igual generación en espacios tan diferentes. La sorpresa ha sido que, frente al prejuicio que se podría tener con el compositor de Marina, todos hemos salido de la sala fuertemente impactados con Guerra a muerte y ya apenas nos acordábamos de los diamantes chicos del Barbieri golfo de los años setenta. Cuán injustas han sido la historia de la música y la estética con un maestro como Arrieta. Su técnica de primerísima categoría corrió siempre pareja de una inventiva melódica que, siendo eminentemente italianizante, resultó en todo momento personal y auténtica. Olvidemos la hipertrofiada e insustancial versión operística de Marina y regresemos a unas playas de Levante menos pretenciosas; que se esconda de nuevo Doña Leonor de Haro bajo su Dominó azul mientras Don José Sotillo nos invita a su Sarao si es que el dragón Jaramillo nos deja algo para cenar tras su Conjuro.
Gerardo Bullon en El amor y el almuerzo (Foto: Juan Fernando/Opera Comica de Madrid)Esta nueva oportunidad a Emilio Arrieta ha venido, eso sí, cortita de medios, con una adaptación sin coro debida al prácticamente nulo presupuesto que recibe la compañía por parte de las arcas municipales y del Ministerio de Cultura. Una auténtica lástima, aunque la obra, finalmente, ha sido resuelta con rotundo éxito por el equipo concertado por el apasionado piano de Roberto Balistreri. En los Barbieris chicos han triunfado, como tantas veces, el simpatiquísimo Gerardo Bullón y la soprano Amaya Fernández, de timbre no carente de morbidezza y brillantes agudos. La voz de ella ha resultado ideal en el consecutivo título de Arrieta, triunfando en el soberbio dúo junto a Begoña Agüero, nuevo fichaje que se ha movido como pez en el agua en un repertorio en el que, sin duda, tiene espacio para lucir sus eminentes cualidades. El tenor Alberto Herranz ha defendido su parte en la offenbachiana saltarella de La confitera y en Guerra a muerte ha encontrado espacio para el lucimiento en uno de los más intensos andantes de conjunto que recordamos en el género. Espacio aparte merece la voz vigorosa y bien timbrada de Airam de Acosta que, en un alarde de virtuosismo, ha cantado prácticamente seguidos cuatro números de lucimiento, incluyendo dos romanzas, un dúo delicioso junto a Begoña Agüero y el citado conjunto.
Publicado por © Enrique Mejías García 2010 en Zarzuela.net
La gallina ciega en Soto del Real
miércoles 17 de febrero de 2010Etiquetas: conciertos, Novedades, press, Producciones, Zarzuela en Formato de Cámara
UN TAL GAZTAMBIDE en Zarzuela.net
domingo 3 de enero de 2010Etiquetas: Centro Cultural Nicolás Salmerón, Críticas, El amor y el almuerzo, Un pleito, Zarzuela en Formato de Cámara, zarzuela.net
Para ver el contenido original de zarzuela.net haga click aquí
Un tal Gaztambide: El amor y el almuerzo / Un pleito
(Madrid, Centro Cultural Nicolás Salmerón. 3 de Enero de 2010)
Ignacio Jassa Haro
Un exíguo presupuesto, un local desangelado y de acústica poco propicia para el canto lírico, la ausencia de una caja escénica, de un adecuado equipo de iluminación y aun de telón, la imposibilidad de contar con orquesta y un sinfín de limitaciones que nos resistimos a seguir enumerando podrían haber convertido esta crítica en un trámite con el que dejar mera constancia de la recuperación de dos Gaztambides en el olvido. Ópera Cómica de Madrid ha hecho de nuevo de tripas corazón y a pesar de la "adversidad" ha sacado adelante con talento un espectáculo con el que volver a demostrar la categoría artística del compositor de Tudela.
Las dos piezas representadas, aunque no muy distantes en la fecha de composición (la primera data de 1856 y se estrenó en el Teatro del Circo, mientras que la segunda, de 1858, fue estrenada ya en el de la Zarzuela), tienen notables diferencias en cuanto al modo de integración de la música en la acción. Para el caso de El amor y el almuerzo, Luis de Olona fusila con su consabida habilidad el vodevil francés L'Omelette fantastique (1842, libro de Félix-Auguste Duvert y Louis Doyer con música original de autor desconocido) teniendo Gaztambide un cometido más marginal al poner ilustraciones musicales a un ingenioso texto de enredo trufado de excelentes chistes. La música del navarro es aquí fresca y espontánea y nos recuerda al Oudrid de Buenas noches señor don Simón o al Barbieri de los sainetes picarescos también montados por esta compañía.
Otra cosa es Un pleito, obra con un texto muy bien escrito, original de Francisco Camprodón, en el que se alcanza un mesurado equilibrio entre los componentes sentimental y cómico. Se trata de un auténtico acto de ópera cómica española, con números complejos en los que se ahonda en la personalidad de los protagonistas de la trama o con los que se hace avanzar la acción. Además, la música tiene esa particular cualidad lírica de Gaztambide que hizo que, como muy certeramente nos recuerda Francisco Matilla en sus elocuentes notas al programa, el mismísimo Barbieri lo llamara "el mejor de nosotros", en alusión al resto de compositores de su generación.
Para montar estos dos tesoros Matilla ha optado por un exhaustivo trabajo actoral, de los de la vieja escuela, que se ha saldado con unos impecables resultados. Una funcional escenografía (meros lienzos revestidos con elementos de atrezzo), un vestuario preciosista y lo que ha dado de sí el pobre equipo de iluminación de esta sala han puesto un fondo casi neutro a estas dos piezas que desde el primer compás (y el primer verso) han conseguido enganchar al respetable. El sexteto con piano liderado por Fernando Poblete (con una composición algo diferente a la del habitual Ensamble de Madrid) se supo implicar en la acción admirablemente, hasta el punto de situarse en el propio escenario y servir de pretexto para algún juego escénico en él desarrollado.
Refiriéndonos ya al reparto comenzaremos destacando sobremanera a Gerardo Bullón, intérprete de feliz vena cómica, tanto por su aportación al vodevil (donde encarna el rol principal de un auténtico carpanta, que estrenara en 1856 el gran Vicente Caltañazor) como en la operita de Camprodón (donde su hilarante criado asturiano tiene un menor cometido canoro). Supo decir sus partes cantadas con tal expresividad que sólo por esos resultados podemos dar por buena la iniciativa del "Taller de Zarzuela" de la que él ha salido. Carolina Moncada se encontró mucho más cómoda vocalmente como la Leonor de Un pleito, donde lució sus facultades y su delicadeza (no exenta del grado justo de picardía) en una cavatina, un dúo y un cuarteto; con eso no queremos quitarle méritos a su destacada intervención en la primera zarzuelita, para la cual tuvo que cambiar de registro actoral completamente, cual auténtica criada de Carabanchel.
La presencia de Luis Álvarez debe ser considerada como una colaboración especial con el "Taller de Zarzuela"; el gran maestro acometió dos personajes de igual nombre: Don Severo. En un caso se trata de un marido cuernudo que a su vez pone los cuernos a su esposa mientras que en el otro es un abogado filántropo sin hijos que decide prohijar a su sobrino también letrado. Su actuación desenvuelta pero comedida sirvió de espejo al resto de sus compañeros de reparto; sólo le reprocharemos el inseguro acento sevillano en Un pleito (¡y que conste que Luis –Alonso– sabe de acentos del sur...!) El tenor Alejandro González lidió con el rol de más dificultad (a la par que lucimiento vocal) de Un pleito, cantando con gusto su canción, muy ovacionada, y el resto de sus partes. Por último Laura Fernández tuvo a su cargo dos papeles secundarios vocalmente pero de cierta relevancia dramática, que supo afrontar con discreción.
Nuevo éxito de un montaje que tiene que trascender el ámbito de un mero centro cultural de barrio y moverse por otros circuitos. Y sin que se entienda como un desdoro para los miembros del conjunto instrumental sólo pediría que se intentara montar con orquesta pues la música de Gaztambide se lo merece. ¡Feliz año 2010 a todos!
© Ignacio Jassa Haro 2010
Zarzuela.net
Homenaje a Ruperto Chapí en el Centro Cultural Nicolás Salmerón
viernes 11 de diciembre de 2009Etiquetas: Ciclo Ruperto Chapí 2009
Jueves 12 de Diciembre de 2009.
JDN.
La tarde de ayer disfrutamos de un espectáculo único en su género. Interpretado por una maravillosa Francesca Calero en el papel de Primorosa, en "La fragua de vulcano" y Remedios en "Pepe Gallardo", son zarzuelas olvidadas en los archivos que han sido rescatadas por ópera cómica y Concerto XXI en su "Taller de Zarzuela". Actuaron con ella en una inmejorable interpretación: Gerardo Bullón, Carolina Moncada, Luis Santamaría, Elier Muñoz, María Teresa Martinez y a modo de coro: David Romero y Jose Manuel Velasco.
LA FRAGUA DE VULCANO
Libro de M. Linares Rivas, Música de Ruperto Chapí
Reparto:
Marcial y Vulcano: Gerardo Bullón; Engracia: Carolina Moncada; Primorosa: Francesca Calero; Jacobo: Luis Santamaría; Rufino: Elier Muñoz; Mercedes: María Teresa Martinez.
A modo de coro: David Romero, Jose Manuel Velasco
PEPE GALLARDO
Libro de M. Perrin y F. Palacios, Música de Ruperto Chapí
Reparto:
Tito: Elier Muñoz; Remedios: Francesca Calero; Pepe: Luis Santamaría; Soledad y Manuela: Amaya Fernández; Camilo: Gerardo Bullón; Fermina: María Teresa Martinez; Concha: Carolina Moncada; Modesto: José Manuel Velasco; Juan: David Romero;
A modo de coro: David Romero y Jose Manuel Velasco.
Piano: Roberto Balistreri
![]() |
| De Concerto XXI Producciones |
![]() |
| De Concerto XXI Producciones |
![]() |
| De Concerto XXI Producciones |
![]() |
| De Concerto XXI Producciones |
Fotos: Juan de Nevrezé
PEPE GALLARDO / LA FRAGUA DE VULCANO (CONCIERTO)
jueves 10 de diciembre de 2009Etiquetas: Ciclo Ruperto Chapí 2009, conciertos, Críticas, Zarzuela en Formato de Cámara, zarzuela.net
Para ver el contenido original de zarzuela.net haga click aquí
Homenaje a Ruperto Chapí en el centenario de su muerte
Pepe Gallardo (Guillermo Perrín - Miguel de Palacios)
La fragua de Vulcano (Manuel Linares Rivas)
Ópera Cómica de Madrid (Madrid, Centro Cultural Nicolás Salmerón, 10 de Diciembre de 2009)
Enrique Mejías García
Con un éxito indiscutible de público -rotundo y sincero como pocas veces hemos visto esta temporada- ha presentado Ópera Cómica de Madrid dos zarzuelas de Chapí en el olvido. Dos auténticas piedras preciosas que con una buena puesta en escena podrían convencer al más incrédulo de los melómanos.
¿Quién lo duda a estas alturas? El completísimo proyecto de Ópera Cómica para el Año Chapí llega a su final con dos títulos tan sugerentes como dispares; dos títulos más de una lista de catorce que, entendida como ciclo, nos ha permitido conocer y tantear al mejor Chapí chico (con la excepción de Los hijos del batallón). Los dos títulos hoy disfrutados suenan diferentes. Mientras que La fragua de Vulcano (1906) evidencia la lección de la dolorosa Tempranica de Giménez, Pepe Gallardo (1898) es hermano espiritual de Las bravías y La revoltosa. Chapí es el de siempre, aquel maestro de maestros zarzueleros que supo encumbrar al género nacido en un modesto café concierto de la calle de la Flor Baja a la categoría de auténtica ópera chica española.
No nos detendremos esta vez demasiado en alabar al ejemplar equipo congregado por Francisco Matilla y Fernando Poblete en torno a la idea de "El Taller de Zarzuela" de Ópera Cómica de Madrid, ya hemos dejado testimonio de ello en otras ocasiones de la temporada. Las claves son las mismas de siempre, las que nunca pueden fallar: ensayos y ante todo interés por servir estas recuperaciones en concierto como si de auténticos bocados suculentos se tratase. Esto es, no conformándose con más de lo mismo. Ejemplo de ello es el cast de voces que, en el capítulo femenino, ha sobrepasado de veras la excelencia.
Francesca Calero y Carolina Moncada son dos auténticas divas de zarzuela. Su dicción, su encantador timbre, su franca interpretación que rehúye de todo remilgo, hacen de ellas dos valores a tener muy en cuenta, esperemos, que en un futuro muy próximo. Junto a ellas ha cumplido con seductor carisma Amaya Fernández en sus breves intervenciones en Pepe Gallardo, así como el torrente de voz y presencia escénica que supone María Teresa Martínez. Entre ellos ha destacado Elier Muñoz, como siempre, simpático y solvente. Quizá en el ámbito de lo discreto deberíamos citar al tenor Luis Santamaría, con voz fatigada y poco squillante. Gerardo Bullón, David Romero y José Manuel Velasco han salido airosos de sus partes que poca o ninguna complicación han debido suponerles.
Una lunar que podríamos atisbar al concierto -y que, en cualquier caso, es responsabilidad del Centro Cultural Nicolás Salmerón- es la deplorable condición técnica con la que conservan el piano de su auditorio. Más que un piano desafinado o de timbre opaco es una pianola rescatada de un naufragio. Con ella el pianista concertador Roberto Balistreri ha hecho lo que ha podido y ha recibido buenos aplausos de su "paciente" público.
Las cosas en el Año Chapí van tocando a su fin. Felicidades, una vez más, Ópera Cómica de Madrid. ¡Hasta siempre, Don Ruperto!
© Enrique Mejías García 2009
Zarzuela.net
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



